Kim Jong Un solicitó a Washington cambios en el contenido de los paquetes de ayuda alimentaria, en el marco de las negociaciones que buscan que Pyongyang abandone su programa de enriquecimiento de uranio a cambio de alimentos.
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| Kimg Jong Un, cuarto y último hijo del fallecido Kim Jong Il, a quien sucedió el 17 de diciembre |
Tras el fallecimiento del Kim Jong Il, de la mano de su hijo, Kim Jong Un, Corea del Norte aceptó regresar a la mesa de negociaciones con Estados Unidos en el programa que prevé la donación de ayuda alimentaria a cambio de la suspensión del programa nuclear norcoreano y el diálogo en materia de desarme.
Pocos días antes de la muerte de Kim Jong Il, Estados Unidos y Corea del Norte habían acordado en 240 toneladas la cantidad de “ayuda nutricional” al mes para 2012. En ese momento Washington fue incluso más allá, ofreciendo retirar las sanciones y el bloqueo económico, a cambio de que Pyongyang suspendiera su programa de enriquecimiento de uranio y diera muestras manifiestas hacia la desnuclearización.
Esta información fue revelada por el Ejecutivo norcoreano a través de un comunicado difundido por la Agencia Central Noticias de Corea del Norte (KCNA). Al mismo tiempo, la KCNA acusó a los Estados Unidos de “politizar” la prestación de ayuda alimentaria y sostuvo que Corea del Norte esperará a que Estados Unidos dé muestras de una verdadera voluntad de diálogo.
Sin embargo, Kimg Jong Un, hijo y sucesor del histórico Kimg Jong Il, endureció las condiciones de Pyongyang para participar del programa, en un intento de consolidar su poder como nuevo líder del país.
A poco de asumir, tras la muerte de su padre, Kim Jong Un solicitó de Estados Unidos que los paquetes de ayuda alimentaria con destino a Pyongyang incluyan más arroz, maíz y granos porque “son más fáciles de almacenar y llegan a más gente” según sostuvo el sábado pasado el rotativo surcoreano Korea Herald.
Washington respondió negativamente al pedido, aunque el gobierno norteamericano se mostró dispuesto al diálogo y, de ser necesario, abierto a realizar nuevas negociaciones. Cabe aclarar que por el momento las conversaciones se efectúan entre los representantes de los respectivos países en el seno de Naciones Unidas.
Las complejas negociaciones entre Corea del Norte y Estados Unidos avanzan muy lentamente. Mientras Pyongyang reclama el regreso a la mesa de diálogo sin ningún tipo de condiciones previas, Corea del Sur y Estados Unidos exigen su renuncia al programa de enriquecimiento de uranio y que se permita la entrada al país de los inspectores de la OIEA.
Cabe recordar que las cuestiones relacionadas con los programas de armas nucleares y la proliferación de armamentos, son el principal motivo por el cual Estados Unidos mantiene duras sanciones económicas contra Corea del Norte. Estas se suman a las que Naciones Unidas impuso por los mismos motivos.
La mayor preocupación a nivel internacional reside en la hostilidad del joven sucesor que, sin ningún tipo de experiencia, tiene en sus manos un bastión nuclear. A estas cuestiones se le suman las características históricas de Pyogyang, que es un caso, quizás único en el mundo, de un país que se encuentra totalmente aislado en materia de relaciones internacionales, y quizás por esa misma razón, parece estar siempre dispuesto a llegar a los extremos.
Corea del Norte supo demostrar que las experiencias nucleares en desafío al sistema internacional forman parte de su política exterior, más allá de las advertencias de los países más poderosos del mundo. La postura del nuevo mandatario, por el momento, parece sostener los mismos lineamientos.