- República Argentina

17/01/12 -

Por Matías Pablo Arese (marese@geic.com.ar)
Versiones cruzadas en torno a Malvinas

Siguen las repercusiones por la decisión del Mercosur de impedir el arribo a sus puertos de embarcaciones con bandera de Malvinas. La OEA y el G-77 solicitaron la reanudación del diálogo bilateral por la soberanía.

Timerman en Honduras
El Canciller argentino Héctor Timerman de gira por América Central, donde recibió el apoyo de los distintos mandatarios al reclamo por la soberanía de Malvinas - Foto: mrecic.gov.ar

Tras la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Mercosur y Estados Asociados del pasado 20 de diciembre de 2011 en Montevideo, se generó un clima de incertidumbre y tensión a partir de las declaraciones encontradas de las cancillerías de Argentina y el Reino Unido.

La decisión de los países del Mercosur de no permitir el arribo a sus puertos de naves con bandera de Malvinas se sumó a una declaración similar de la UNASUR del 26 de noviembre de 2010, además de las medidas de Uruguay y Brasil en el sentido de impedir que buques de guerra con destino a Malvinas atraquen en sus puertos, cualquiera sea la bandera que porten.

Estos antecedentes llevaron al Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, William Hague, a desplegar una incesante actividad diplomática que incluyó conversaciones con su par uruguayo Luis Almagro y con altos funcionarios chilenos y brasileños. La ola de desinformación que sobrevino a estas comunicaciones bilaterales se originó principalmente a partir de la prensa latinoamericana, que informaba con intervalo de escasas horas sobre un supuesto “bloqueo” a Malvinas y la posterior suspensión del mismo gracias a la gestión personal de Hague.

En realidad, la introducción del término “bloqueo” es obra del Foreign Office británico, que en un primer momento lo utilizó para hacer referencia a cuestiones económicas. La idea apuntaba a denunciar las maniobras argentinas en las aguas cercanas a Malvinas, en donde a través de continuos patrullajes persigue y rechaza barcos de todas las nacionalidades que pescan con licencias otorgadas por el gobierno kelper.

En las últimas semanas se utilizó nuevamente la palabra “bloqueo”, esta vez en boca del propio Hague, quien afirmó que Brasil, Chile y Uruguay le habían confiado que no pensaban de ninguna manera participar de algo semejante. Todo ello, según reveló la cancillería británica, en un clima de amistad y cordialidad.

Ante la difusión periodística del comunicado inglés, las cancillerías chilena, uruguaya y brasileña emitieron declaraciones oficiales de apoyo a la Argentina y ratificaron las decisiones del Mercosur y Unasur. Declaraciones similares del Ministro de Relaciones Exteriores argentino, Héctor Timerman, fueron publicadas por distintos medios, negando la información vertida desde Londres.

Mientras tanto, la postura argentina de reanudar el diálogo por la soberanía de las islas -interrumpido desde la guerra de 1982- sumó nuevamente el apoyo de la OEA y del Grupo de los 77 más China. Ambos organismos emitieron las usuales declaraciones al respecto la semana pasada, obteniendo como respuesta la satisfacción del gobierno argentino y el silencio británico.

En declaraciones a la TV chilena, el secretario general de la OEA José Miguel Insulza afirmó que no entiende “la porfía” del gobierno inglés de enviar barcos con pabellón de Malvinas a la región, sabiendo de antemano que ningún Estado sudamericano reconoce al gobierno kelper. Asimismo, reiteró la postura de la Organización en el sentido de la reanudación del diálogo bilateral por la soberanía, tal como lo establecen las continuas Resoluciones de Naciones Unidas.

Por su parte, el embajador argentino en Estados Unidos, Jorge Argüello, agradeció el apoyo del G-77 más China en el cierre de la presidencia argentina pro-témpore del organismo y se refirió a la presencia británica en Malvinas como un “anacronismo colonial”.

Frente a tan agitado comienzo de año en lo que se refiere a Malvinas, la oposición argentina al gobierno de Cristina Fernández ha emitido declaraciones agradeciendo la solidaridad latinoamericana y, sin cuestionar el accionar de la cancillería que encabeza Héctor Timerman, ha denunciado severamente el accionar inglés.

Este comportamiento se evidenció a partir de las afirmaciones de líderes del Partido Socialista, de Proyecto Sur y de la Unión Cívica Radical, lo que confirma algo que se venía observando desde hace al menos dos años: la conformación de un espacio de coincidencias entre oficialismo y oposición en relación a este delicado tema de política exterior, para dar muestras de unidad y reforzar el reclamo argentino.

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